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CARLOS VALDÉS JAÑA Y SU ÚLTIMO DÍA DE LA PRENSA Carlos Valdés Jaña no puede controlar sus carcajadas esa mañana, cuando recuerda aquella discusión con su amigo Juan Emilio Pacull. Ambos habían participado en la refundación del Círculo de Periodistas, a comienzos de los años 50. Eran amigos, grandes amigos. Pero un día de 1954 discutieron fuerte, porque don Carlos y otros colegas decidieron comprar un terreno de 20.000 metros cuadrados en el balneario de El Tabo, para construir una futura villa de veraneo.
- Pero ¿cómo pudiste cometer semejante error? –reprochó Pacull con voz de trueno y acento uruguayo.
El terreno fue adquirido. Tenía un bosque de alerces al fondo y en su entrada se alzaba una casona construida a comienzos del siglo pasado. Cuando se inauguró la Villa “Camilo Henríquez” llegaron Pacull, los directores del Círculo, autoridades nacionales, representantes de la comunidad local y numerosos invitados. Don Carlos se infiltró en la multitud y trató de pasar inadvertido. Pero en el momento culminante de la inauguración, esa voz potente que caracterizaba a Pacull volvió a tronar:
- ¡Dónde está Carlos Valdés!
Con paso seguro, resuelto a enfrentar las consecuencias de sus actos, don Carlos se acercó al escenario central… “Acércate, ven”, le invitó Pacull, conciliador. Entonces, cuando lo tuvo a su lado, la voz del inolvidable presidente del Círculo de Periodistas se escuchó potente y clara, para ofrecer públicas disculpas a su amigo. Es que Juan Emilio y todos quienes acudían a la ceremonia inaugural estaban maravillados con la nueva villa de los periodistas, junto al mar, a 100 kilómetros de Santiago.
Más tarde se construyeron 15 cabañas y un casino, se abrió una taberna, se instalaron juegos infantiles… Don Carlos y su esposa, la señora Isabel, se convirtieron en los afables administradores del lugar junto a sus 10 hijos y sus nietos. No sólo en el verano, sino todos los días del año la Villa fue una segunda casa para cada visitante, por la acogida cálida y el clima de fraternidad que impuso la familia Valdés.
Por eso don Carlos se ríe esa mañana… mientras recuerda…
Recuerda a su Juan Emilio, a Salvador Allende que contribuyó a financiar la construcción de las cabañas, a su amigo Alberto Gamboa con los geniales titulares de “Clarín”, al vecino de Isla Negra Pablo Neruda, a Enrique Martín que fue su colega en el vespertino “Última Hora”, a Mario Gómez López y Emilio Benavides con quienes trabajó en Radio Minería… Y sus ojos tienen un brillo elocuente al anunciar que en diciembre próximo cumplirá 50 años de matrimonio y pololeo con su compañera de tantas aventuras, la dulce señora Isabel.
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 A don Carlos le gusta la gente joven. Y a los jóvenes les gusta escuchar esas anécdotas y chascarros que él cuenta esa mañana con lujo de detalles, como si hubieran ocurrido ayer. Es 13 de febrero, Día de la Prensa, y por eso luce elegante como nunca, junto al alcalde de El Tabo Emilio Jonquera, concejales de la Municipalidad, miembros del Ateneo de los Poetas y dirigentes del Círculo. Se le ve contento, porque ha logrado derrotar varias enfermedades, Y aquí, entre el bosque, las cabañas y tantos amigos, es un joven de 87 años.
Lo que él no sabía ni nosotros tampoco es que esa mañana del pasado 13 de febrero era su última visita a la Villa “Camilo Henríquez”. Don Carlos Valdés Jaña, uno de los últimos refundadores del Círculo de Periodistas, se fue el viernes 25 de abril y hoy descansa junto a otros colegas de sus buenos tiempos en el Mausoleo del Círculo de Periodistas, en el Cementerio General de Santiago.
Hasta allí acudió una multitud de amigos y familiares que escucharon las emocionadas palabras de la Presidente del Círculo, María Verónica Martínez, cuando evocó su trayectoria y destacó su imborrable legado. 
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