El helicóptero del Presidente:
CUANDO LAS FUENTES
OCULTAN LA VERDAD
- El aterrizaje de emergencia del Presidente Sebastián Piñera, al comienzo de sus vacaciones, puso a prueba la credibilidad de las fuentes oficiales.
Lea el artículo de Abraham Santibáñez, ex Presidente del Consejo Nacional del Colegio de Periodistas.

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EL VUELO DE LAS MENTIRAS
El imprevisto aterrizaje del helicóptero personal del Presidente Piñera es, sin duda, un incidente menor. Pero las confusas explicaciones, desde el propio Jefe de Estado a sus colaboradores más cercanos, lo han convertido en un hito ingrato. Si no fuera por la velocidad con que transcurren nuestras vidas, al ritmo de twitter y facebook, esta historia podría empañar cualquier festejo del aniversario de su llegada al poder.
El tema de fondo es el deliberado intento de esconder la verdad. El propio Sebastián Piñera; la ministra Von Baer y el inefable ministro Hinzpeter han tratado de desmentir lo indesmentible: que el helicóptero hizo una parada no prevista, sin escolta a la vista, para reabastecerse de combustible de manera tan precaria como un automovilista que sufre la pana del tonto en el camino.
Se ha dicho que la ruta del vuelo contemplaba esta parada en un lugar que ni siquiera figura en los mapas. Ello obviamente no es cierto.
Pero en lugar de reconocerlo así de inmediato, se tendieron variadas cortinas de humo, la peor de las cuales corresponde al titular del Interior que aseguró que esta es una demostración del carácter del Presidente y que por ello fue elegido. ¿A qué se refiere? ¿A una imprudencia manifiesta, solo comparable al episodio vivido hace un año, cuando intentó cruzar la avenida Apoquindo a media cuadra? ¿O es su “espíritu deportivo” confeso: “a mí me gusta mucho hacer deportes de aventura y por eso soy parapentista, soy buzo, me gusta subir montañas, bajar los ríos, y en las vacaciones uno hace las cosas que le gustan. Yo sé que algunos se molestan, pero las hacemos con responsabilidad, seriedad y por tanto uno no debe cambiar su forma de ser”.
Señalar, frente a esta declaración, que no se resguarda “la dignidad del cargo”, como lo hizo el senador Ignacio Walker, es una mala estrategia. Lo que el Presidente y su entorno deben resguardar es su seguridad, la misma que se custodia hasta la exageración cuando hay periodistas cerca o eventuales manifestantes. Por lo mismo, tampoco resulta grato que el propio Presidente sostenga que no existe una real preocupación por su seguridad entre quienes han comentado lo ocurrido. Los descalificó masivamente: “No se preocupen tanto de lo que hace el Presidente durante las vacaciones, porque esa preocupación no es sincera, no están preocupados del Presidente, están preocupados de molestar al Presidente”.
Este intento de desvirtuar la verdad y construir una más cómoda, no es nuevo. Lo han dicho las autoras del libro “Piñera” que se comenta en esta misma edición: los éxitos del Presidente, en su versión, son siempre más grandes que lo que dicen los registros. Ello no debería tener muchas consecuencias. No en nuestro país, por lo menos.
En Estados Unidos sería distinto, en parte por la presión periodística que aquí sigue siendo tímida, aunque no tanto. Recordemos que en un tema más complejo como el Watergate, donde nunca se probó la participación personal de Nixon, lo que lo llevó a su tumba política fueron sus mentiras, deliberadas y reiteradas.
Los chilenos tenemos una manga más ancha.
Pero ¿será tanta?
ABRAHAM SANTIBÁÑEZ