ALBORADA INFORMATIVA
Por Abraham Santibáñez

En febrero de 2012, en un par de meses más, se cumplen 200 años desde el día en que apareció La Aurora de Chile. La fecha marca el nacimiento de la prensa en nuestro país, con notorio atraso respecto del resto del continente. Hay que consignar, eso sí, que en las décadas siguientes los chilenos –con la ayuda de algunos destacados extranjeros- mostramos un gran entusiasmo por la actividad de informar y, sobre todo, comentar.

A partir de 1817, el final de la Reconquista, surgieron decenas de periódicos. Algunos fueron de corta vida, reveladores de un apasionamiento que antes no había encontrado canales de expresión. En ese período, bastante revuelto, abundan las publicaciones de nombres desafiantes, provocativos, ingeniosos y también ingenuos, como se aprecia en parte del recuento que hizo Raúl Silva Castro: El amigo de la Ilustración, El Duende de Santiago, Gazeta Ministerial de Chile, El Argot de Chile, El Sol de Chile, El Juguete, Cartas Pehuenches, El Censor de la Revolución, La Miscelánea Chilena, El Independiente, El Mercurio de Chile (Camilo Henríquez era su Redactor), Tizón Republicano, El Amigo de los Militares, El Despertador, El Apagador, y decenas más. La década de 1820 muestra el comienzo de un vuelco, desde el momento en que empieza a publicarse El Mercurio de Valparaíso. Su aparición es indicio de que el periodismo no consiste solo en desahogos momentáneos. Pero de haberlos, los había, como lo demuestran dos títulos inolvidables: El Hambriento y El Canalla.

A partir de la década de 1840 el periodismo muestra una creciente solidez. En 1842 aparece El Progreso, primer diario de Santiago. Pero tal vez el hito importante es la revista El Crepúsculo de la cual ya hemos hablado antes y que tuvo un trágico final cuando se ordenó su incineración. ¿La razón? El descarnado ensayo “Sociabilidad Chilena” de Francisco Bilbao en que renegaba de la herencia española y embestía ferozmente contra el catolicismo y el pensamiento conservador.

Junto al juicio que condenó a la hoguera a El Crepúsculo, en esos años fueron presos varios editores. Entre ellos Santos Tornero, propietario de El Mercurio quien, por lo menos una vez, desafió a la autoridad al no revelar el nombre de un comentarista.
La Aurora y el Crepúsculo (entendido como el anochecer, ya que también significa amanecer) abren y cierran un período fundamental de la historia de nuestra prensa. Los primeros años fueron de la alborada independentista y democrática. Los últimos años de este período inauguran una época de maduración de la sociedad chilena: debates más matizados, publicaciones más profesionales y mayor variedad de temas. Pero, también se estrena un inédito rigor contra la libertad de expresión.

El resto de la historia lo conocemos mejor, lleno de altibajos, con momentos más felices y otros a veces trágicos, como las durísimas restricciones a la libertad de expresión impuestas por la dictadura.
Pero, no cabe duda, en febrero deberíamos festejar en grande: es el comienzo de una gran historia.

(Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas)